Slow Food Illes Balears

Entrevista a Biel Torrens y Mateu Morro: una mirada sobre el alimento y la agricultura en Baleares

| 15/11/2011

 

Unió de Pagesos de Mallorca es una organización representativa de los payeses profesionales de la isla, fundada en 1977. Desde entonces trabaja al lado de los agricultores y ganaderos para hacer viable la actividad agraria de este colectivo y darle continuidad.  El sindicato considera que ningún pueblo puede prescindir de la producción de alimentos para su población, y que este trabajo deben llevarlo a cabo los payeses en unas condiciones que permitan la rentabilidad de sus explotaciones. La defensa de las producciones locales y de la soberanía alimentaria es uno de los principios básicos de su actuación. Para obtener una radiografía de los alimentos, la agricultura y la ganadería de las Baleares conversamos con dos de sus miembros, Mateu Morro –coordinador del sindicato e historiador- y Biel Torrens, productor ecológico.

 

¿Cómo es hoy la relación entre turismo, paisaje y agricultura?

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Mateu Morro (MM)- En Mallorca evidentemente existe una estrecha relación entre paisaje y turismo. La isla era hasta hace 30 ó 40 años una sociedad payesa, con un número importante de agricultores y ganaderos, y esto marca nuestra psicología y forma de ser. Pero nuestro mercado turístico y también el inmobiliario han tendido a restar importancia al mundo rural, y se han extendido los valores que intentan ignorar nuestros orígenes. La mayoría de la población da muy poca importancia a la agricultura, a pesar de tener raíces agrarias.

 

Biel Torrens (BT)- Muchos de los mallorquines de hoy no tienen un sentimiento de amor por la tierra. Pero nuestro paisaje tiene un enorme componente agrario: marjades (paredes de piedra para separar propiedades y cultivos), árboles, sembrados… Poca gente es consciente de que este paisaje necesita una actividad agraria continua y una gestión forestal, que hoy prácticamente ha desaparecido.

 

¿Puede el turismo ayudar al sector primario?

 

MM- El turismo genera unas demandas que el sector agrario puede ayudar a resolver: conservación del paisaje, producción de alimentos de calidad, etc. De hecho, el florecimiento de los productos de calidad en Baleares en los últimos veinte años está vinculado al turismo, o al menos a un tipo de población residente extranjera que ha valorado este tipo de productos, como vino, aceite o producciones ecológicas. El turismo de masas es una gran máquina de despersonalización, y ha castigado a la agricultura en muchos aspectos. Pero tiene un revés positivo, y una demanda creciente de muchos agricultores es que se apoye la producción de productos locales de calidad, para incrementar aún más esta tendencia. Curiosamente, en este año de crisis económica hemos tenido una buena temporada turística. Y se percibe claramente el interés por las producciones locales y de calidad de turistas y visitantes, un interés que se extiende también entre la población local.

 

BT- Hace más de veinte años que se habla de diversificar el turismo, potenciando el de invierno, más gastronómico y rural. De haber apoyado esta idea el sector agrario hubiera tenido más importancia y podría haber experimentado un crecimiento que al final no se ha producido. Desde la administración no se ha fomentado lo suficiente la valoración del paisaje y la gastronomía de las zonas rurales, y los agroturismos no han tenido ni el peso ni la fuerza necesarios para estimular la mirada hacia el interior de la isla. Esta opción permitiría diversificar el turismo, aumentar su calidad y estimular al sector agrario para producir buenos productos locales. Pero todo este potencial está dormido.

 

¿Qué percepción creéis que, en general, existe de los payeses en replica audemars piguet attractive watches Baleares?

 

MM- Desde que existe el Parlament balear la protección del territorio es uno de los debates más importantes, y por lo general se realiza sin tener en cuenta a la gente que vive en este territorio. Se protege un territorio porque es muy valioso, pero no se tiene en cuenta a quien está o trabaja en él, custodiándolo, no se tiene en cuenta que se trata de un paisaje vivo, que detrás de un paisaje hay gente que lo conserva. Todos nuestros paisajes los han configurado los payeses. Son paisajes con valores vivos importantes que precisan del trabajo de los agricultores. En la Serra de Tramuntana, declarada Patrimonio de la Humanidad, los valores paisajísticos protegidos están en gran parte vinculados al trabajo de los agricultores. Deberíamos preservar las marjades de Banyalbufar, de Sóller y Caimari, los olivares y la ganadería. Es imprescindible para nuestra alimentación, para nuestro sector agrario y para nuestro patrimonio.

 

BT- En general, no se valora la función del payés, o simplemente se desconoce: su función principal es la producción de alimentos en la zona, la dinamización económica, el mantenimiento del paisaje y el mantenimiento de nuestras razas y variedades. Todo esto no se tiene en cuenta ni se identifica a la hora de decidir si vale la pena apoyar a los payeses o no. Por poner un ejemplo: si no se ayuda a los agricultores, al paisaje de almendros tan característico de Mallorca le quedan pocos años de vida.

 

Aumentan las ventas en grandes superficies y no precisamente de productos locales. En este contexto, ¿tienen futuro los productos y variedades locales y la producción ecológica?

 

MM- El precio es siempre un factor determinante, y sobre todo en tiempos de crisis. Hay productos de calidad locales que solo se venden en mercados locales, ecológicos, pequeño comercio, venta directa, cooperativas de consumo, o cestas a domicilio. Pero no podemos descartar que alguna gran superficie pueda ir incorporando producciones locales tradicionales y/o ecológicas, porque hay grietas por las que entra el producto local y de calidad, sobre todo productos frescos, y cada vez más a precios asequibles. Existe una sensibilidad creciente hacia las variedades locales de Mallorca, como los cereales tradicionales o antiguos (blat xeixa), el pebre bord de tap de cortí para la matanza del cerdo, el tomate de ramellet o las aceitunas de la sierra de Tramuntana.

 

 

Las Denominaciones de Origen, Indicaciones Geográficas Protegidas y otros sellos de garantía, ¿son una ayuda a la producción de alimentos locales?

 

BT- Depende del producto y del sello. En el caso de la sobrasada hay que tener en cuenta que el 90% se elabora con carne y especias de fuera de la isla (Rusia y Rumanía para el cerdo, China y Perú para el pimentón). Apostar por la diferenciación es muy importante, evidentemente, pero los consejos reguladores y las indicaciones geográficas deberían garantizar que la materia prima de los productos sea local. En el caso de las Denominaciones de Origen es así, como el queso de Mahón o el vino de las DO Binissalem i Pla i Llevant, pero no en las Indicaciones Geográficas Protegidas (IGP). Apostamos por las DO porque vinculan el producto al alimento y al paisaje. Pero en el caso de la sobrasada el consejo regulador apostó por producciones foráneas de cerdo, lo que supone la ruina del sector porcino en Mallorca. Lo que debería haber servido para mantener una producción ha sido una herramienta de destrucción.

 

MM- Las producciones de calidad que descuidan el origen de los alimentos están condenadas al fracaso. Sólo apuestan por el uso de un nombre geográfico, son productos elaborados aquí con materias primas de fuera. Y nuestra impresión es que esto no funciona ni funcionará. Estamos hablando de IGP aprobadas por la Unión Europea en estos términos, difíciles de cambiar. Pero pueden aparecer sobrasadas de calidad amparadas por otras denominaciones. Aunque está claro que la sobrasada de Mallorca debería ir vinculada al cerdo negro si se quiere mejorar el producto y la actividad económica local. Sería un esfuerzo positivo para los payeses, los mataderos, los productores y proveedores de piensos, las empresas de embutidos… Toda la cadena se vería beneficiada.

 

La administración local, ¿contempla a la agricultura como un sector económico?

 

MM- Los políticos no han hecho una apuesta por los agricultores. En Menorca el Consell de Menorca ha tenido una mayor sensibilidad, indiscutible, pero en Mallorca e Ibiza no ha sido así. En un momento determinado se debería haber visto que el sector primario era importante para el turismo, para la alimentación local y de los visitantes, para el paisaje de las islas, apostando seriamente por él. Pero no se hizo, y esto ha determinado que el sector se haya deprimido, y es probable que en los próximos años vivamos una tendencia a una sensibilidad todavía menor. Y eso que nuestras circunstancias, un territorio pequeño y limitado, hacen que dar impulso al sector primario sea posible, que políticas ajustadas y bien aplicadas puedan tener efectos inmediatos y muy positivos con pocos recursos y en poco tiempo. Pero deben existir esas políticas.

 

BT- Debe haber un clima que favorezca la producción local y el sector primario local, porque la insularidad determina unos mayores costes de producción que los de la península, y las dimensiones de nuestras explotaciones son generalmente pequeñas. A los agricultores locales nos resulta difícil conseguir un mercado dentro de nuestro mercado por la poca consideración de la clase política, las escasas posibilidades de competir, las precarias infraestructuras y el poco capital humano de la agricultura local.

 

¿Cómo es la relación con los últimos gobiernos de Baleares?

 

MM- Unió de Pagesos hizo una valoración muy crítica del gobierno anterior porque consideramos que se perdió una oportunidad histórica para la agricultura de las islas. Se habían creado unas expectativas y una confianza que no se correspondió con las actuaciones del gobierno local, y todo ello se escenificó con la eliminación de la Conselleria de Agricultura. Porque fue una escenificación de la importancia que se daba al sector agrario: eliminar la administración agraria en el ámbito del gobierno y transferir las competencias al Consell de Mallorca en un momento en el que no había dinero para hacerla posible. Pero en estos tres meses que llevamos de nuevo gobierno no sabemos si añorar la anterior legislatura. El actual parece tener una política de eliminar el déficit público recortándolo todo, y esta gestión nos plantea muchas dudas.

 

BT- El discurso es que no hay dinero para nada, y sin embargo los payeses seguimos existiendo, la UE sigue existiendo y existen las líneas europeas. Y si aquí no hay dinero y no se cofinancian las ayudas y medidas, ni se destinan a lo que hace falta asistimos al desmantelamiento de la administración y a la invisibilidad del sector agrario. Si desde Europa y desde aquí tenemos claro que nuestras producciones de calidad, tradicionales y ecológicas tienen futuro en el mercado pero no se apoyan, el sector y los alimentos locales desaparecerán.

 

La producción local, ¿podría abastecer todas las necesidades alimentarias de Mallorca?

 

MM- El peso de los productos locales en la alimentación local es superior a lo que la mayoría de la gente cree. Hoy todavía la agricultura y la ganadería balear pueden abastecer de alimentos buenos y frescos un porcentaje muy elevado de la demanda local, y de hecho lo hacen. Nuestra producción de verdura y hortaliza puede cubrir ahora hasta el 60% del consumo local en conjunto (turistas y residentes), y la cárnica un 30%. Podríamos alcanzar una cuota de autoabastecimiento real de un 40-50%, y sin ninguna dificultad para llegar al 70 o al 80%. La capacidad productiva está ahí, existe, si el mercado fuera favorable, el crecimiento podría ser espectacular.

 

BT- Por supuesto depende del producto, pero, por ejemplo en el caso del cordero podríamos abastecer toda Mallorca y mucho más. Hay mucha producción de cordero local que no encuentra mercado, mientras que se importa masivamente cordero congelado de otros lugares, Nueva Zelanda por ejemplo. También podemos abastecer de almendra el mercado local… Pero en general, no es una cuestión de poder hacerlo o no, sino de que la producción local encuentre un lugar en el mercado local.

 

Y a pesar de todas las dificultades, por suerte todavía hay payeses.

 

MM- Todavía hay payeses porque los agricultores profesionales saben cómo vivir de la agricultura, si no abandonarían. Son personas que saben hacer su trabajo, trabajan mucho y se encuentran con un capital familiar acumulado, en forma de tierras o equipamientos.

 

BT- Es importante tener en cuenta que una empresa agraria no se crea en cinco minutos. Comporta la gestión de tierras y una enorme inversión en instalaciones y maquinaria, a muchos años vista. Y abandonar todo eso no es fácil. Hay que invertir en tierras, maquinaria, animales en el caso de los ganaderos… y cuando estás en medio de esa inversión, aunque pierdas dinero, es difícil retirarte. Cerrar es el símbolo del fracaso. No puedes cerrar algo que tus padres o abuelos han mantenido vivo, va mucho más allá de un hecho económico, detrás hay sentimientos y emociones. También se requiere una gran capacidad de adaptación, y el payés de hoy no tiene nada que ver con su padre o su abuelo, y ofrece el producto que pide el mercado. Es un proyecto de años de trabajo que no estás dispuesto a abandonar aunque no te salgan las cuentas. Evidentemente muchas explotaciones ya deberían haber cerrado si sólo miramos su balance económico, pero aguantan a la espera de un momento mejor.

 

En estos tiempos de crisis, ¿podría ser que Mallorca volviera a mirar al campo como una opción de futuro, laboral y económica?

 

MM- Estamos en un momento muy especial, y de hecho existe una tendencia a volver al campo. La falta de alternativas en otros sectores y la durísima crisis en la construcción hace que algunos hijos de payeses vuelven a su casa y al campo. También hay casos de gente no payesa que intenta trabajar en el sector primario, empezar desde cero, algo mucho más difícil. Y al mismo tiempo hay un mayor interés por los productos locales y ecológicos. Pero hacen falta medidas administrativas que hagan viable el sector primario local. La Unión Europea y las administraciones europeas deben dar apoyo al campo, porque el campo no está muerto, es difícil matarlo, y por muchos golpes que le den tiene tendencia a persistir. La administración no debe comportarse como una policía sino como una asesora, informadora y formadora, que ayude a los agricultores y estimule esta actividad.

 

BT- Desde el punto de vista económico el sector agrario es hoy un sector refugio, pero efectivamente necesita un clima que haga posible que la gente pueda ganarse la vida. Los payeses han sufrido un desprestigio importantísimo que hace que no sean considerados como un sector económico. Se ha vendido la idea de que son cobradores de subvenciones, la administración ha jugado a hacer ver que nos da dinero como si fuera limosna, y esto ha dañado la imagen y el prestigio de nuestra profesión. Lo cierto es que las ayudas nunca han servido para compensar las pérdidas, y hay medidas que han perjudicado las producciones, normativas europeas que han ido en contra de los propios productores europeos, retirando aranceles, permitiendo importaciones de productos que ya se producen a nivel local, etc. Hoy es más caro producir alimentos locales porque a los agricultores se nos exige mucho más que a las mercancías que proceden de otros países, no sometidas a los mismos requisitos. Todo ello va en contra del producto y del productor local. Queremos que nos vean como lo que somos: productores de alimentos.

 

En el caso de la ganadería, los problemas parecen todavía más graves

 

BT- La insularidad golpea muy fuerte a la ganadería, porque supone sobrecostes en la alimentación y el transporte de los animales. Y esto ocurre en un mercado permanente hundido por los precios mucho más bajos que en la península, como es el caso del cerdo o el cordero, sobre todo desde 2008, y una bajada de precios al payés para que el consumidor pague menos. Desde hace dos años la porcella se paga al productor por debajo de los costes de producción, y lo mismo ocurre con el cerdo y el cordero. Para hacernos una idea: un cordero hoy se paga a 30 euros, el 60% del precio de hace 30 años. Un precio muy inferior al de lonja en la península, donde se pagan unos 15-20 euros más por cordero. Aquí en las islas los costes son mayores y los precios menores. Y con muchos productos ocurre lo mismo. Una demanda histórica de los ganaderos es diferenciar la carne de aquí, porque ahora no se identifica su origen, y el consumidor no tiene libertad de optar por un producto local.

 

MM- La opción asociativa puede hacer que todas las piezas se unan y el proceso funcione. Y puesto que hay unas partes de la cadena más rentables que otras, es fundamental que el ganadero no solo venda la carne, sino que participe en todas las fases hasta llegar al consumidor fianl, pudiendo además informar sobre las características de calidad del producto.

 

¿Qué medidas son urgentes para favorecer un cambio de rumbo en la agricultura y la ganadería local?

 

BT- Lo más urgente es poner en marcha medidas útiles para mejorar el precio que cobran agricultores y ganaderos por su producto. La producción agraria debe ser rentable para poder crecer, y eso se consigue favoreciendo que el productor participe de la comercialización a fin de beneficiarse de otros márgenes, a través de normativas e incentivos. Y facilitar la comercialización directa, cualquier iniciativa que ponga en contacto al consumidor con el productor, como los mercados ecológicos o la venta directa. Todas estas medidas darían resultados muy positivos.

 

MM- Los agricultores solo pueden salvarse si lo que high-end omega replica watches producen es valorado y, por tanto, pagado. Regular los precios es esencial: el payés vende a un precio y el consumidor compra a otro. Normalmente los márgenes comerciales multiplican por cuatro (incluso hasta un 450%) el precio de un producto. Con la venta directa tanto el consumidor como el payés salen ganando. Y si se consigue que el payés participe de la comercialización, se defienden los productos y alimentos locales, además del paisaje y el territorio. También hay que promover las identificaciones de calidad, para que aumente nuestro catálogo de productos, y hacerlo cuando todavía quedan payeses en activo. El momento de hacerlo es ahora, y ya empieza a ser tarde. Debemos pensar qué modelo agrario queremos. La agricultura meramente productivista no tiene futuro aquí, no podemos competir con grandes producciones. Sólo podemos optar por hacer productos de calidad, diferenciados. El sector no quiere abandonar, está aquí, intentando hacer cosas. Cada país debe poder alimentarse por sí mismo, ese el concepto clave, la soberanía alimentaria. 

 

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